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Una escultora en el corazón del software
Si hoy abres un archivo, vacías la papelera o ves un icono sonriente en la pantalla, estás usando una gramática visual que en gran parte diseñó Susan Kare casi sin pretenderlo. A principios de los años ochenta, cuando el ordenador personal todavía era un territorio árido para usuarios no técnicos, Apple necesitaba alguien capaz de traducir comandos abstractos en símbolos inmediatos y amables, casi como señales de tráfico de un nuevo mundo. Esa persona no era una ingeniera informática ni una programadora, sino una artista formada en escultura, mosaico y técnicas manuales que, de repente, se vio dibujando en una cuadrícula de 32×32 píxeles como si estuviera bordando. Para quienes trabajamos diseñando documentos y sistemas de comunicación visual, su historia es especialmente interesante porque conecta directamente el oficio más clásico con la pantalla, sin dramatismos ni misticismo tecnológico. Y, además, nos obliga a preguntarnos qué significa realmente «humanizar» una interfaz en un entorno que tiende à la estandarización absoluta.
De Ithaca al Macintosh, del taller de escultura al laboratorio de interfaz
Susan Kare nació en 1954 en Ithaca, Nueva York, y todo apuntaba a una carrera centrada en las bellas artes: se licenció summa cum laude en Arte en el Mount Holyoke College y obtuvo un doctorado en Bellas Artes en la Universidad de Nueva York en 1978. Su campo era la escultura y la práctica expositiva; de hecho, al terminar sus estudios se mudó a San Francisco para trabajar en el Museo de Bellas Artes como escultora y comisaria. Nada hacía pensar que acabaría definiendo la apariencia de uno de los productos tecnológicos más influyentes del siglo XX, pero aquí aparece un factor que como diseñadores conocemos bien: la fuerza de las redes personales. Un viejo amigo del instituto, Andy Hertzfeld, formaba parte del pequeño y algo pirata equipo que estaba construyendo el Macintosh dentro de Apple y pensó en ella cuando hizo falta alguien que tradujera el concepto de interfaz gráfica a imágenes concretas. En 1982 la invitó a Cupertino, le enseñó una versión cruda del sistema y le ofreció algo tan poco glamuroso como papel cuadriculado para empezar a dibujar iconos y tipografías, píxel a píxel.
Lo interesante para nosotros no es solo el giro biográfico, sino cómo Kare reinterpreta su bagaje analógico en un medio radicalmente limitado: blanco y negro, baja resolución, matrices estrictas. Ella misma ha explicado que el proceso le recordaba al punto de cruz, al needlepoint o a los mosaicos, y que incluso la influencia de su madre, aficionada a las labores, pesó à la hora de entender cómo construir formas legibles sobre una retícula rígida. En un sector que a veces mitifica la «formación digital», su caso muestra que la mirada del diseño, cuando está bien entrenada, es mucho más transferible de lo que pensamos.

Cuadrículas, semiótica y oficio: cómo se construye un lenguaje de iconos
La misión de Kare no era meramente decorativa; se trataba de diseñar un sistema de signos que permitiese al usuario operar el ordenador sin necesidad de saber programación. En sus palabras, las «pequeñas imágenes y símbolos» tenían que hacer que el ordenador fuera accesible para personas sin conocimientos técnicos, lo que la llevó a buscar metáforas visuales directas y universales, fácilmente reconocibles incluso en un entorno de 16×16 o 32×32 píxeles. Tijeras para cortar, un bote de basura para eliminar, una carpeta para agrupar archivos, una mano que agarra para mover, todos son elementos tomados del escritorio físico y trasladados al escritorio digital con una claridad que aún hoy se mantiene.
Su proceso combinaba investigación funcional y experimentación visual: primero clarificaba la acción o comando que debía representar, después bocetaba en papel cuadriculado, iterando hasta encontrar la mínima cantidad de píxeles necesaria para reconocer la forma. Ese trabajo minucioso, casi obsesivo, está hoy conservado en cuadernos que forman parte de la colección del MoMA, reconocimiento que sitúa la interfaz gráfica al mismo nivel que otras disciplinas del diseño y el arte contemporáneo. Desde una perspectiva semiótica, Kare construye un sistema icónico donde cada símbolo mantiene una relación de metáfora clara con su función, evitando abstracciones innecesarias pero introduciendo siempre un punto de humor o empatía, como el mítico «Happy Mac» de arranque o la bomba que aparecía en caso de error fatal. La lección que deja su trabajo, aplicable à la maquetación editorial o al diseño de información, es muy sencilla de decir y difícil de practicar: la forma más eficaz suele ser también la más económica, pero llegar a esa economía exige una cantidad enorme de pruebas descartadas.
Tipografías de sistema: Chicago, Geneva, Monaco y compañía
Si los iconos daban personalidad al sistema, las tipografías que diseñó Kare definían su tono de voz. Entre 1983 y 1986 creó para la Macintosh familias como Chicago, New York, Geneva, Monaco, Cairo, San Francisco y Toronto, todas pensadas específicamente para la legibilidad en pantalla y para una impresora de matriz de puntos como la ImageWriter. Chicago, en particular, se convirtió en la tipografía de sistema del Macintosh clásico y, años más tarde, en el tipo utilizado en las primeras generaciones del iPod, prolongando la vida de un diseño que, en apariencia, había nacido atado a limitaciones técnicas muy concretas.
Cairo destaca como una cara singular dentro de ese conjunto: más que una tipografía al uso, es una fuente basada en pictogramas y pequeños dibujos, cuyo nombre hace referencia a los jeroglíficos egipcios y a esa mezcla de escritura e imagen que tanto interesa al diseño de interfaz. Lo curioso es que Kare no tenía experiencia previa diseñando tipos, así que abordó el problema con la misma actitud que sus iconos: estructuras simples, generosas en contraformas, pensadas para sobrevivir al pixel hinting más agresivo. Como diseñadores editoriales podemos leer aquí un mensaje importante: muchas de las herramientas que utilizamos hoy, desde tipografías de sistema hasta iconos preinstalados, nacen de decisiones extremadamente conscientes sobre contexto de uso, tamaño y soporte, y no de la mera aplicación de tendencias formales. El «sistema» no es neutral, y Kare ayudó a construir precisamente ese tono inicial de la informática personal como algo afable y cercano.

NeXT, Microsoft y la expansión del lenguaje visual digital
Cuando Steve Jobs fue expulsado de Apple y fundó NeXT, una de las primeras personas que se llevó consigo fue precisamente a Susan Kare, que se incorporó como Directora Creativa para encargarse de la identidad visual y la interfaz de NeXTSTEP. Esta etapa supuso un cambio importante: se pasó del blanco y negro a una paleta de grises más rica y a resoluciones superiores, que permitían iconos más detallados sin renunciar à la claridad. Paralelamente, el trabajo de Kare comenzaba a expandirse a otros gigantes tecnológicos; como diseñadora freelance firma proyectos para Microsoft, IBM, Sony, Motorola o Intel, casi siempre alrededor de interfaces gráficas y sistemas de iconos.
Uno de los trabajos más conocidos en ese ámbito es el diseño visual del juego Solitario para Microsoft, que se distribuyó de forma masiva con Windows y se convirtió, según cuentan medio en serio medio en broma, en uno de los mayores fomentadores de procrastinación de la historia de la oficina. Más adelante, entre 2006 y 2010, produce cientos de pequeños «regalos» e iconos para Facebook, reforzando esa dimensión emocional y lúdica de la comunicación digital, y en 2015 se incorpora a Pinterest como jefa de diseño de producto. En paralelo mantiene su propio estudio en San Francisco, desarrolla sistemas de iconos para clientes muy diversos y vende impresiones firmadas de sus obras más emblemáticas, trasladando de nuevo la pantalla al papel y cerrando un círculo curioso entre arte y producto.

El símbolo de «Command» y otras decisiones aparentemente pequeñas
Si hay un detalle que le encanta a quienes estudian la historia del diseño de interfaz es el origen del símbolo de la tecla «Command» en los teclados de Apple. Inicialmente, la idea de repetir el logotipo de la manzana resultaba excesiva y visualmente cargante, así que Kare buscó alternativas en un libro de símbolos históricos, donde encontró una figura utilizada en señalética sueca para indicar «interés» o «punto destacado». Ese lazo cuadrado de origen escandinavo, reinterpretado en bitmap, se ha convertido en uno de los iconos gráficos más reconocibles del entorno Mac, demostrando cómo una buena solución puede venir de la documentación más inesperada.
Lo interesante aquí no es tanto la anécdota como la metodología: cuando el símbolo no estaba claro, Kare tiraba de archivo, exploración y ensayo, como cuando intentó distintas opciones para representar la acción de «deshacer» o para el concepto «copycat», que llegó a imaginar como un gato frente a un espejo. Desde nuestra práctica en documentos complejos, esta aproximación resulta muy familiar: el diseño no es un momento de inspiración aislado, sino una negociación constante entre referencias culturales, limitaciones técnicas y experiencia de usuario. Y, sobre todo, recuerda que el research visual —ese tiempo de mirar, recopilar y probar— no es un lujo, sino parte esencial del proceso, incluso cuando el lienzo mide apenas 16 píxeles de lado.

Humanizar la máquina: humor, empatía y accesibilidad
La prensa y varias exposiciones han repetido una frase que resume bien el impacto de Kare: «la mujer que le dio la sonrisa al Macintosh». La referencia es directa al «Happy Mac», el icono sonriente que aparecía al encender el ordenador y que convertía un momento potencialmente tenso —¿arrancará? ¿habrá fallos?— en una pequeña bienvenida casi antropomórfica. Frente à la frialdad de los mensajes de error crípticos, ella introdujo elementos como la bomba o pequeños detalles humorísticos que, sin restar gravedad al problema, recordaban al usuario que detrás del sistema había personas.
En entrevistas posteriores, Kare ha insistido en que buscaba símbolos simples y económicos, funcionales pero también memorables, y que ese equilibrio entre utilidad y carácter es el que garantiza que un icono sobreviva al paso del tiempo. Desde el punto de vista de la accesibilidad informal —antes de que la palabra se usara con tanta frecuencia— su contribución fue hacer que la interfaz pareciera menos intimidante y más cercana à la vida diaria del usuario, apoyándose en objetos conocidos y en metáforas sencillas. Es una lección perfectamente trasladable al diseño editorial corporativo: un documento complejo no tiene por qué ser hermético; puede guiar, acompañar y, de vez en cuando, incluso sonreír sin perder rigor. Y quizá ahí está la parte más poderosa de su legado: entender la interfaz no solo como un problema visual, sino como una experiencia emocional completa.
Lo que Susan Kare puede enseñar hoy a las empresas que diseñan
Para empresas que producen documentación extensa, interfaces internas o materiales de formación, la trayectoria de Kare ofrece varias claves muy prácticas. Primero, demuestra que la consistencia en el lenguaje visual —iconos, tipografía, jerarquías— crea confianza y reduce fricción, algo tan importante en un manual técnico como en un panel de control. Segundo, subraya el valor de trabajar con sistemas: sus iconos funcionan como una familia coherente porque comparten grilla, densidad de trazo y lógica de metáforas, lo que facilita su combinación en contextos nuevos sin perder claridad.
Además, su mezcla de rigor y humor sugiere que una marca no necesita elegir entre ser profesional o cercana; puede ser ambas cosas si el diseño está bien pensado y arraigado en la realidad del usuario. Y, por último, recuerda que abrir la puerta a perfiles con bagajes híbridos —artistas, ilustradores, tipógrafos— puede aportar soluciones inesperadas en proyectos donde parece que todo está dictado por la tecnología. En un momento en el que muchas interfaces se parecen demasiado entre sí, volver a mirar los cuadernos cuadriculados de Kare es casi un ejercicio de higiene visual: menos capas, más intención, más respeto por la persona que está al otro lado de la pantalla.
Referencias
- Lange, A. (2018). The woman who gave the Macintosh a smile. The New Yorker. Recuperado de https://www.newyorker.com/culture/cultural-comment/the-woman-who-gave-the-macintosh-a-smile
Artículo de contexto cultural que analiza el papel de Kare en la construcción de la personalidad del Macintosh y su impacto en la cultura visual digital. - Smithsonian Magazine. (2019). How Susan Kare designed user-friendly icons for the first Macintosh. Smithsonian Magazine. Recuperado de https://www.smithsonianmag.com/innovation/how-susan-kare-designed-user-friendly-icons-for-first-macintosh-180973286
Ensayo que detalla el proceso de diseño de iconos e interfaces, con énfasis en la metodología y en la dimensión de experiencia de usuario. - Stanford University Libraries. (s. f.). Interview with Susan Kare. Recuperado de http://web.stanford.edu/dept/SUL/library/mac/primary/interviews/kare/index.html
Entrevista en profundidad donde Kare explica su entrada en Apple, su proceso sobre papel cuadriculado y su visión del trabajo con equipos de ingeniería. - MoMA. (2020). Susan Kare. Mac OS Icon sketchbook. 1982. Museum of Modern Art Collection. Recuperado de https://www.moma.org/collection/works/188382
Ficha de catálogo que documenta los cuadernos originales de iconos, reconociendo el valor de la interfaz como diseño de autor dentro de la colección del museo. - EBAC. (s. f.). La vida pixelada de Susan Kare. EBAC Blog. Recuperado de https://ebac.mx/blog/susan-kare
Artículo divulgativo que resume la biografía de Kare, sus principales proyectos en Apple, Microsoft, Facebook y Pinterest, y su influencia como pionera del diseño de iconos.







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