Jacqueline Casey: retícula, ingenio e identidad

Un car­tel de Jac­que­li­ne Casey sue­le dejar dos impre­sio­nes que pare­cen incom­pa­ti­bles. La pri­me­ra es de orden: ali­nea­cio­nes exac­tas, tipo­gra­fía de palo seco, espa­cios medi­dos y una jerar­quía que con­du­ce la lec­tu­ra sin tro­pie­zos. La segun­da es de extra­ñe­za. Una «x» apa­re­ce recor­ta­da en el espa­cio nega­ti­vo, dos líneas cur­vas atra­vie­san una com­po­si­ción rígi­da o las palabras…

Gerrit Noordzij: entender las letras desde el trazo

Gerrit Noord­zij ense­ñó a ana­li­zar las letras des­de su cons­truc­ción, no solo des­de su apa­rien­cia. Su teo­ría del tra­zo dis­tin­gue entre con­tras­te por tras­la­ción, expan­sión y rota­ción, pero empie­za toda­vía antes: en la rela­ción entre el negro de la letra y el blan­co que la rodea y atra­vie­sa. Sus ideas mar­ca­ron la ense­ñan­za del dise­ño tipo­grá­fi­co en La Haya y siguen sien­do una herra­mien­ta útil para com­pa­rar fami­lias, valo­rar cur­si­vas y pesos y enten­der por qué dos tipo­gra­fías apa­ren­te­men­te dis­tin­tas pue­den com­par­tir una mis­ma estruc­tu­ra. No hace fal­ta dise­ñar una fuen­te para apro­ve­char­las: bas­ta con apren­der a mirar.

Morison cambió el periódico desde dentro

Stan­ley Mori­son es recor­da­do por Times New Roman, pero su tra­ba­jo para «The Times» fue mucho más amplio. Tras cri­ti­car la tipo­gra­fía del perió­di­co, par­ti­ci­pó en un redi­se­ño que debía mejo­rar lec­tu­ra, den­si­dad infor­ma­ti­va, jerar­quías y pro­duc­ción. La nue­va fami­lia tipo­grá­fi­ca, dibu­ja­da por Vic­tor Lar­dent bajo su direc­ción y desa­rro­lla­da con Monoty­pe, fue solo una par­te del sis­te­ma. El caso demues­tra que un docu­men­to com­ple­jo no se arre­gla sim­ple­men­te redu­cien­do cuer­pos o aña­dien­do pági­nas. Tipo­gra­fía, retí­cu­la, esti­los, tablas y pro­ce­sos deben pen­sar­se con­jun­ta­men­te. Una lec­ción de 1932 que sigue sien­do muy útil para infor­mes cor­po­ra­ti­vos y publi­ca­cio­nes extensas.

Gudrun Zapf von Hesse, cuando la letra nace del oficio

Gudrun Zapf von Hes­se fue mucho más que la espo­sa de Her­mann Zapf. For­ma­da como encua­der­na­do­ra y calí­gra­fa, apren­dió a dise­ñar letras des­de el con­tac­to direc­to con mate­ria­les, herra­mien­tas y pro­ce­sos de repro­duc­ción. Hes­se Anti­qua nació para estam­par­se sobre cue­ro, mien­tras Dio­ti­ma con­vir­tió el ges­to cali­grá­fi­co en un sis­te­ma tipo­grá­fi­co repro­du­ci­ble. Déca­das des­pués, su obra atra­ve­só el metal, la foto­com­po­si­ción y el entorno digi­tal. Su tra­yec­to­ria ofre­ce una ense­ñan­za espe­cial­men­te útil para empre­sas y dise­ña­do­res: una iden­ti­dad, una tipo­gra­fía o una maque­ta fun­cio­nan mejor cuan­do se con­ci­ben pen­san­do des­de el prin­ci­pio en el sopor­te, la pro­duc­ción y el uso reales.

Bea Feitler diseñó revistas con ritmo

Bea Feitler enten­dió la revis­ta como una secuen­cia y no como una colec­ción de pági­nas inde­pen­dien­tes. Su tra­ba­jo en «Harper’s Bazaar», «Ms.», «Rolling Sto­ne» y «Vanity Fair» mues­tra cómo foto­gra­fía, tipo­gra­fía, color, esca­la y silen­cios pue­den cons­truir rit­mo edi­to­rial. Esa mane­ra de pen­sar sigue sien­do útil para infor­mes, catá­lo­gos, memo­rias y dosie­res cor­po­ra­ti­vos, don­de cada sec­ción nece­si­ta per­so­na­li­dad sin per­der cohe­ren­cia. Su archi­vo, con­ser­va­do por The New School, per­mi­te ade­más obser­var maque­tas, prue­bas y mate­ria­les de pre­im­pre­sión. Estu­diar­lo recuer­da que una bue­na direc­ción de arte no nace de una plan­ti­lla rígi­da, sino de deci­sio­nes, varia­cio­nes y rela­cio­nes entre páginas.

Elaine Lustig Cohen diseñaba ideas

Elai­ne Lus­tig Cohen con­vir­tió la cubier­ta edi­to­rial en una for­ma de pen­sa­mien­to. Sus dise­ños para Meri­dian Books, New Direc­tions y el Jewish Museum com­bi­na­ban geo­me­tría, foto­gra­fía, sig­nos y tipo­gra­fía sin ilus­trar lite­ral­men­te el con­te­ni­do. Tras años ges­tio­nan­do el estu­dio de Alvin Lus­tig, desa­rro­lló una prác­ti­ca inde­pen­dien­te y una voz más orgá­ni­ca, expre­si­va y expe­ri­men­tal. Su tra­ba­jo per­mi­te com­pren­der cómo una colec­ción pue­de ser reco­no­ci­ble sin repe­tir siem­pre la mis­ma plan­ti­lla. Tam­bién obli­ga a revi­sar la auto­ría y la pre­sen­cia de las muje­res en la his­to­ria del dise­ño. Sus por­ta­das no ves­tían los libros: dia­lo­ga­ban con ellos y abrían una interpretación.

Irma Boom convirtió libros en arquitectura

Irma Boom cam­bió la mane­ra de enten­der el dise­ño de libros al tra­tar cada publi­ca­ción como una arqui­tec­tu­ra por­tá­til. Sus for­ma­tos, pape­les, can­tos y secuen­cias no deco­ran el con­te­ni­do, sino que par­ti­ci­pan en su sig­ni­fi­ca­do. Este artícu­lo ana­li­za su méto­do de inves­ti­ga­ción, el monu­men­tal «SHV Think Book» y pro­yec­tos don­de la mate­ria­li­dad trans­for­ma la lec­tu­ra. Tam­bién estu­dia cómo apli­car sus ideas a catá­lo­gos ins­ti­tu­cio­na­les, memo­rias his­tó­ri­cas y publi­ca­cio­nes de mar­ca. La lec­ción no con­sis­te en copiar efec­tos extra­va­gan­tes, sino en encon­trar una estruc­tu­ra físi­ca cohe­ren­te, memo­ra­ble y útil para cada con­te­ni­do, cada lec­tor y cada con­tex­to empre­sa­rial concreto.

Beatrice Warde y la tipografía invisible

Bea­tri­ce War­de con­vir­tió una copa de cris­tal en una de las metá­fo­ras más influ­yen­tes del dise­ño edi­to­rial. Según su pro­pues­ta, la tipo­gra­fía debe per­mi­tir que el con­te­ni­do lle­gue al lec­tor sin obs­tácu­los ni exhi­bi­cio­nis­mos. Sin embar­go, nin­gu­na letra es com­ple­ta­men­te neu­tral. Este artícu­lo revi­sa su tra­yec­to­ria, su tra­ba­jo en Monoty­pe y la vigen­cia crí­ti­ca de «The Crys­tal Goblet». Tam­bién tras­la­da sus ideas a infor­mes, memo­rias, catá­lo­gos y docu­men­tos cor­po­ra­ti­vos, don­de la cla­ri­dad depen­de de jerar­quías, rit­mos, colum­nas, espa­cios y deci­sio­nes acce­si­bles. Dise­ñar para leer no sig­ni­fi­ca borrar la per­so­na­li­dad, sino uti­li­zar­la con cri­te­rio y res­pe­to hacia quien con­sul­ta cada página.

Agha: el diseñador que convirtió una revista en una marca

Mehe­med Fehmy Agha lle­gó a «Vogue» en 1929 pro­ce­den­te de Ber­lín y lo trans­for­mó todo: intro­du­jo la tipo­gra­fía sans-serif, el san­gra­do foto­grá­fi­co, la doble pági­na como uni­dad de dise­ño y la pri­me­ra por­ta­da foto­grá­fi­ca en color de la revis­ta. Su tra­ba­jo en Con­dé Nast rede­fi­nió el papel del direc­tor de arte y sen­tó las bases del dise­ño edi­to­rial moderno. Este artícu­lo reco­rre su tra­yec­to­ria y expli­ca por qué sus deci­sio­nes de hace casi un siglo siguen sien­do una refe­ren­cia váli­da para cual­quier empre­sa que quie­ra mejo­rar sus publi­ca­cio­nes corporativas.

Akira Kobayashi: cómo un japonés reinventó la tipografía occidental

Aki­ra Koba­yashi, direc­tor crea­ti­vo de tipo­gra­fía en Monoty­pe, es uno de los dise­ña­do­res de tipos más influ­yen­tes del mun­do. Naci­do en Nii­ga­ta en 1960, cons­tru­yó su carre­ra entre Japón y Euro­pa, cola­bo­ran­do con Her­mann Zapf y Adrian Fru­ti­ger para moder­ni­zar fuen­tes clá­si­cas como Opti­ma y Fru­ti­ger. Ha dise­ña­do más de cin­cuen­ta fami­lias tipo­grá­fi­cas, inclu­yen­do DIN Next y Sho­rai Sans, y diri­gi­do pro­yec­tos para Sony, Maz­da o Ali­ba­ba. Su tra­ba­jo encar­na la idea de tipo­gra­fía como sis­te­ma: pesos, idio­mas y opti­mi­za­cio­nes que garan­ti­zan legi­bi­li­dad, con­sis­ten­cia de mar­ca y efi­cien­cia edi­to­rial a esca­la global.