Bea Feitler diseñó revistas con ritmo

Bea Feitler enten­dió la revis­ta como una secuen­cia y no como una colec­ción de pági­nas inde­pen­dien­tes. Su tra­ba­jo en «Harper’s Bazaar», «Ms.», «Rolling Sto­ne» y «Vanity Fair» mues­tra cómo foto­gra­fía, tipo­gra­fía, color, esca­la y silen­cios pue­den cons­truir rit­mo edi­to­rial. Esa mane­ra de pen­sar sigue sien­do útil para infor­mes, catá­lo­gos, memo­rias y dosie­res cor­po­ra­ti­vos, don­de cada sec­ción nece­si­ta per­so­na­li­dad sin per­der cohe­ren­cia. Su archi­vo, con­ser­va­do por The New School, per­mi­te ade­más obser­var maque­tas, prue­bas y mate­ria­les de pre­im­pre­sión. Estu­diar­lo recuer­da que una bue­na direc­ción de arte no nace de una plan­ti­lla rígi­da, sino de deci­sio­nes, varia­cio­nes y rela­cio­nes entre páginas.

Agha: el diseñador que convirtió una revista en una marca

Mehe­med Fehmy Agha lle­gó a «Vogue» en 1929 pro­ce­den­te de Ber­lín y lo trans­for­mó todo: intro­du­jo la tipo­gra­fía sans-serif, el san­gra­do foto­grá­fi­co, la doble pági­na como uni­dad de dise­ño y la pri­me­ra por­ta­da foto­grá­fi­ca en color de la revis­ta. Su tra­ba­jo en Con­dé Nast rede­fi­nió el papel del direc­tor de arte y sen­tó las bases del dise­ño edi­to­rial moderno. Este artícu­lo reco­rre su tra­yec­to­ria y expli­ca por qué sus deci­sio­nes de hace casi un siglo siguen sien­do una refe­ren­cia váli­da para cual­quier empre­sa que quie­ra mejo­rar sus publi­ca­cio­nes corporativas.